Qué es la Apostasía y modelo de Apostasía

La apostasía tiene tantas definiciones como religiones existen. Dado que ninguna es más válida que otra no prestamos atención a ninguna de estas definiciones. Desde esta web proponemos la apostasía en el sentido de darse de baja de la Iglesia Católica. Para apostatar, en el pasado, se debía recurrir a un artículo del Código de Derecho Canónico, una suerte de Código Civil eclesiástico. Aunque el apóstata no lo reconociera como una legislación válida, debía invocarlo si deseaba darse de baja. Hoy, gracias a Dios (sarcasmo), la ley de Hábeas Data protege nuestros datos de instituciones manipuladoras como la Iglesia Católica, por lo que podemos pedir que se nos dé de baja sin aparentes contradicciones.

Pero… ¿por qué darse de baja? Las razones por las que una persona querría apostatar son de lo más variadas. Dado que la Iglesia Católica cuenta como católico a todo bautizado, hay ateos que sienten que es su obligación darse de baja para mantener una coherencia. También hay quien apostata por no estar de acuerdo con las doctrinas de la Iglesia aún cuando cree en Dios, entonces, apostata para que su nombre no sea parte de esa institución. Desde esta web proponemos apostatar precisamente porque para la Iglesia Católica todo bautizado es católico, está de acuerdo con sus doctrinas, y por lo tanto utiliza la cifra de bautizados (muy alta porque el bautismo se transformó en una cuestión cultural) para imponer sus puntos de vista en la legislación y conseguir privilegios. La Iglesia Católica para ser escuchada argumenta que casi el 90% del país es católico (boletín AICA Nº 2500) e indirectamente apoya sus doctrinas. Es decir, se erigen en la voz del pueblo, y vos, que fuiste bautizado, sos contado como parte de ese 90%. La realidad es que el 90% del país fue bautizado, y que ni siquiera la totalidad del pequeño porcentaje de practicantes está de acuerdo con sus doctrinas (encuesta CONICET).

Si apostatás, se anota al lado de la anotación de tu bautismo que abandonaste la fe católica, el modo católico de darte de baja. Si vos no querés ser parte de ese 90%, entonces hacé el trámite. Apostatar es tu derecho. ¡Que no hablen en tu nombre!

¿Por qué apostatar?

En una sociedad como la nuestra, cualquier institución con una gran representatividad tiene más fácil el acceso a niveles altos de decisión y un mayor poder de negociación. De esto parece desprenderse la necesidad de tener información confiable sobre la cantidad de personas que tal corporación dice representar, y por otro lado procedimientos claros que permitan a las personas adherir a la misma y dejar de hacerlo en caso de que así lo deseen. En nuestro país, la Iglesia Católica es posiblemente la institución que mayor nivel de representatividad se adjudica, y simultáneamente es la que menos claridad ofrece a la hora de demostrarla. Si bien no está absolutamente claro como se determina la cantidad de fieles católicos, cada tanto dan indicios de que lo hacen a partir del número de bautismos que registran en sus libros. Tres ejemplos: Cuando en 2007 se anunció que la cantidad de musulmanes en el mundo superó a la de católicos, el Secretario del Pontifico Consejo para el diálogo interreligioso, Felix Machado, afirmó en el diario La Prensa que “la Iglesia católica sí puede contar con datos precisos y sin márgenes de error porque en cada parroquia, incluso la más pequeña o en cualquier lugar perdido del mundo, existe un acta de los bautizados”. El Arzobispado de Buenos Aires afirma que “entre 1993 y 1997 aumentaron un 10 por ciento la cantidad de bautismos, primeras comuniones y confirmaciones”. Por otro lado, según apologetica.org “Ocho de cada diez latinoamericanos están bautizados.”. En ambos casos, la noticia no es simplemente el número de bautismos, sino que a partir de estos datos el texto intenta deducir la cantidad o el incremento de fieles. Otro problema es que se hace complicado encontrar otra fuente de información que no sea la misma Iglesia. En 2007 una iniciativa de un particular obtuvo como respuesta de la Secretaría de Culto que las estadísticas disponibles sobre la cantidad de fieles católicos son las que publica AICA, una agencia de noticias católica. Es que como la creencia religiosa es “información sensible”, no hay censos sobre creencias religiosas, y la poca información que se tiene al respecto parte de encuestas que recién últimamente se están haciendo de una manera sistematizada.

Dado que la Iglesia considera a cada bautizado como un integrante más del catolicismo, el proceso de ingreso a la institución católica es tan claro como irregular. Un bebé de cinco días de vida adhiere al catolicismo (lo que implica creer en todos sus dogmas, como la resurrección de Cristo, la Santísima Trinidad o la transubstanciación del pan y el vino en cuerpo y sangre de Cristo) por el solo hecho de estar bautizado. Independientemente de lo que decida cuando tenga edad de hacerlo, y de cómo se posicione respecto a temas de religión, el niño en los papeles ya es católico. Así, si bien en un trabajo del CONICET el 71% dijo que son los hijos e hijas los que deben elegir su propia religión, los registros de la Iglesia parecen demostrar que en la práctica esto no sucede. Volviendo a los datos sobre la cantidad personas que adhieren al catolicismo, parece bastante difícil acceder a los datos oficiales que la Iglesia dice poseer. Las referencias a estos datos dicen que los obtienen del Anuario Pontificio, del que no se publican más de 10 mil ejemplares cada año y para todo el mundo. Según sabemos, en Argentina sólo hay dos y sin acceso para consultas del ciudadano común por lo que la cantidad de fieles sigue siendo un misterio. De todas maneras, tanto las estadísticas de la Iglesia, como las encuestas que conocemos (la citada del CONICET, por ejemplo), coinciden en que casi un 90% de los argentinos y argentinas recibieron el bautismo, y por lo tanto engrosan en padrón de la Iglesia Católica. Dicho de otra manera, casi el 90% de los los habitantes de nuestro país pertenecen a la Iglesia Católica en los papeles, y por lo tanto ésta habla en su nombre. Ahora que tenemos una idea de las bases sobre las cuales la Iglesia Católica justifica su poder a la hora de negociar con el estado nacional, vamos a hacer un breve repaso de cuales son los temas sobre los que la Iglesia se manifiesta, y cuál es su posición en ellos. Hace poco más de 20 años se aprobó en nuestro país la ley de divorcio vincular. La posición de la iglesia es clara al respecto. En su catecismo puede leerse “1650 Hoy son numerosos en muchos países los católicos que recurren al divorcio según las leyes civiles y que contraen también civilmente una nueva unión. La Iglesia mantiene, por fidelidad a la palabra de Jesucristo (“Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquella; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio”: Mc 10,11-12), que no puede reconocer como válida esta nueva unión, si era válido el primer matrimonio. Si los divorciados se vuelven a casar civilmente, se ponen en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios. Por lo cual no pueden acceder a la comunión eucarística mientras persista esta situación, y por la misma razón no pueden ejercer ciertas responsabilidades eclesiales. La reconciliación mediante el sacramento de la penitencia no puede ser concedida más que aquellos que se arrepientan de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo y que se comprometan a vivir en total continencia.” (http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P56.HTM). La reacción de la Iglesia en su momento fue coherente con su catecismo. A pesar de la representatividad que la Iglesia dice tener en la sociedad, las encuestas en aquel momento mostraban que un 63% estaba en favor del divorcio vincular. Esta cifra ascendía al 87% en otra encuesta del año 2006. Si el 88% es católico, tal como dice la Iglesia, de ese 87%, menos del 10% puede deberse al apoyo de quienes no profesan esa fe. El 77% restante necesariamente fueron bautizados que apoyan la legalización del divorcio vincular. Tiempo atrás, la relación entre el gobierno nacional y la Iglesia se puso tirante luego de unas declaraciones del ex Vicario Castrense que sugerían que se debería aplicar un castigo bíblico al ex ministro de salud por propiciar una campaña para repartir preservativos. La polémica no debería extrañar. La Iglesia Católica se opone al uso de métodos anticonceptivos. El Catecismo dice claramente “2370 La continencia periódica, los métodos de regulación de nacimientos fundados en la autoobservación y el recurso a los períodos infecundos (HV 16) son conformes a los criterios objetivos de la moralidad. Estos métodos respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educación de una libertad auténtica. Por el contrario, es intrínsecamente mala ‘toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, hacer imposible la procreación (HV 14).

Al lenguaje natural que expresa la recíproca donación total de los esposos, el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente: se produce no sólo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de la verdad interior del amor conyugal, llamado a entregarse en plenitud personal’. Esta diferencia antropológica y moral entre la anticoncepción y el recurso a los ritmos periódicos ‘implica… dos concepciones de la persona y de la sexualidad humana irreconciliables entre sí (FC 32).” (http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P87.HTM). Muchos se horrorizaron ante las declaraciones del Vicario, pero no se puede dejar de reconocer que él estaba siendo coherente con su libro sagrado y el catecismo de su iglesia. Las cifras que aportaron la encuesta del CONICET indican que el 88,9% afirma que el gobierno debería promover el uso de preservativos y el 86,9% que los hospitales deberían ofrecer métodos anticonceptivos de manera gratuita. Así, casi como mínimo el 76% de los bautizados no coinciden con la condena que la Iglesia hace de los métodos anticonceptivos. La educación sexual en las escuelas es un tema que vuelve al debate cada tanto puesto que, a pesar de que hubo intentos desde hace varios años de incluir la sexualidad como materia o al menos como un tema dentro del plan de estudios obligatorio y finalmente se consiguió aprobar la ley que obliga al Estado a proveerla, aún no se ha implementado en la mayoría de las provincias. La Iglesia se muestra muy preocupada por este tema, han salido continuamente a hacer declaraciones y han ejercido importantes acciones lobbistas al momento del tratamiento de dicha ley por el legislativo para impedir su sanción. “La Iglesia cuestionó con firmeza los lineamientos que obligan a enseñar en las aulas los métodos anticonceptivos, entre otras pautas de educación sexual, y advirtió que ese carácter obligatorio “no deja margen de acción a los padres para objetar aquellos contenidos que pudiesen atentar contra sus convicciones religiosas y morales”. ” dice una noticia de La Nación ante una de esas polémicas.

De nuevo cabe preguntarse qué pasa en la sociedad con ese tema. Siempre tomando la misma encuesta del CONICET, el 81,3% opina que en las escuelas se debería informar sobre métodos anticonceptivos y el 78,8% que en las escuelas se debería dar cursos de educación sexual. Así, siete de cada diez fieles opinan de manera contraria a su Iglesia. Entre los temas sobre los que la Iglesia se muestra más preocupada, el aborto es posiblemente el más debatido. Recientemente fue aprobado en Uruguay por la legislatura, pero el presidente Tabaré Vazquez privilegió sus convicciones religiosas por sobre la la posición más amplia del partido político que lo puso en la presidencia y vetó la ley desoyendo el mayoritario pronunciamiento legislativo. De nuevo, para conocer la posición de la Iglesia se puede recurrir al Catecismo: “1398 Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae.” (http://www.vatican.va/archive/ESL0020/__P55.HTM). El aborto es condenado sin vueltas ni grises por la Iglesia Católica. Sin embargo y volviendo a la encuesta del CONICET, el 63,9% opina que el aborto debe permitirse en algunas circunstancias y un 14,1% que debe ser un derecho de la mujer. Resumiendo, el 78% de manifiesta que, con o sin límites, aprueban el aborto. Así, más del 68% de los que recibieron el sacramento del bautismo aprueban una práctica que la Iglesia misma condena con una pena gravísima como la excomunión. La eutanasia también es un tema que preocupa a la Iglesia, y se hizo notorio en casos como los de Terry Schiavo y Eluana Englaro. El catecismo dice “2277 Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable. Por tanto, una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y excluir siempre.” (http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P80.HTM). Sin embargo, distintas encuestas mencionan que el 55% afirma que está a favor de la eutanasia. De nuvo, de ese 55% sólo un 10% puede ser no bautizado. El restante 44% forzosamente recibió el sacramento. También la Iglesia se opone al sexo prematrimonial. El catecismo dice claramente “2350 Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios. Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad.” (http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P86.HTM). Aún así es una práctica muy difundida no sólo por ser placentera, sino que el 54,6% afirma que el sexo antes del matrimonio es positivo según la mencionada encuesta del CONICET. Al menos el 45% de los bautizados no están de acuerdo con la posición de la Iglesia respecto al sexo prematrimonial. La homosexualidad es condenada por la Biblia desde el Antiguo Testamento, y la Iglesia Católica es coherente con esta idea. En el catecismo advierte “2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que ‘los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados’ (CDF, decl. “Persona humana” 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.”. (http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P86.HTM).

A pesar de la contundencia de la Iglesia a la hora de condenar a la homosexualidad como una grave depravación y si bien es de reconocer que nuestro país es altamente discriminador en este tema, “sólo” es condenada como una enfermedad por el 31,8% de quienes respondieron la encuesta del CONICET. La cultura, que en principio parecería ser un tema más relajado, también merece la atención de la Iglesia Católica. Varias muestras de arte fueron condenadas y boicoteadas por la Iglesia Católica. El caso más conocido en Argentina fue el del artista plástico León Ferrari, cuya muestra en Recoleta fue primero víctima de ataques de fundamentalistas católicos y luego prohibida por denuncias de sectores de la Iglesia Católica. En la literatura y sus posteriores versiones cinematográficas podemos contar los casos de Harry Potter y El Código Da Vinci que también fueron condenadas por la Iglesia, y tuvieron intentos de boicots. El denominador común para todas estas obras es que, en la proporción esperable al medio en que se desarrollaban, todas estas expresiones artísticas fueron un éxito que no se explica sólo con la concurrencia del 10% de la población no bautizada.

Claramente una porción muy importante de los que integran en padrón de la Iglesia Católica concurrieron a ver estas obras sin demostrar interés por la condena de su institución. En síntesis, se observa como la Iglesia, cuya moral pretende ser revelada y por lo tanto no debería ser discutida por ninguno de sus adherentes, tiene un nivel de representatividad excesivamente bajo en estos temas a pesar de pretender hablar en nombre del 88% de los argentinos. Las posiciones a las que hiciemos referencia anteriormente no son declaraciones de un sacerdote sorprendido en la calle por un periodista. Es la palabra oficial de institución católica tomada del Catecismo que figura en la página misma del Vaticano. Cada vez que la Iglesia mueve todo su aparato de poder para oponerse al divorcio, al aborto, a las uniones homosexuales, a la educación sexual, a políticas anticonceptivas o expresiones artísticas, intentando imponer sus moral religiosa a católicos y no católicos por igual, están hablando en nombre de todos los bautizados, utilizándolos para inflar su representatividad. Si estás bautizado, no importa cuan crítico seas de la institución católica.

Le Iglesia en tu nombre condena el aborto, la homosexualidad, boicotea los intentos del Estado por generar una política de educación sexual, condena y se opone al uso y reparto de anticonceptivos, a la eutanasia, al divorcio. En nombre tuyo intenta censurar expresiones artísticas y como si fuera poco, gracias a tenerte entre sus integrantes, se asegura que el estado la sostenga y le otorgue privilegios especiales. No importa que pienses por cuenta propia y tengas otras opiniones, ellos te usan para apoyar sus intereses. Si vos no estás de acuerdo con las posiciones de la Iglesia en los temas antes mencionados y tenés interés en mantener una actitud coherente con tus ideas, tenés dos cosas para hacer:

1. No bautices a tu hijo o hija. Haciéndolo estás alimentando sus listados con alguien que no debería ser utilizado para los intereses de la Iglesia. Con sólo unos pocos días de vida no se puede tomar posición sobre estos temas ni elegir libremente una religión. Ya tendrá tiempo para hacerlo, y si está de acuerdo, ingresar él por cuenta propia a la Iglesia. Que no hagan lo que hacen en nombre de tu hijo o hija.

2. Salí de la Iglesia para quitarles apoyo. Que no hagan lo que hacen en tu nombre. ¡Apostatá!
“Es teóricamente absurdo que los bautizados adhieran al aborto, al divorcio, a la legitimación de parejas homosexuales…” Mons. Castagna Trámite de Apostasía

¿Cómo? 

Enviando una carta informando de la decisión de dejar de pertenecer a la Iglesia Católica y por lo tanto exigiendo que se modifiquen los registros donde figuramos como católicas o católicos. La carta no debería tener demasiadas justificaciones dado que la decisión de dejar de pertenecer a la institución es íntima y no es necesario dar explicaciones de ello. De todas maneras de aquí se puede descargar la carta modelo que proponemos, a la que por supuesto se pueden hacer todas las modificaciones que consideren necesarias. Es importante que la carta contenga datos del bautismo (parroquia y fecha aproximada, al menos el año).

¿Dónde?

La carta debe ser enviada a la diócesis a la que pertenece la parroquia donde fueron bautizados. Aquí puede encontrarse el detalle de las diócesis y arquidiócesis de todo el pais, sus zonas de cobertura, domicilio postal, responsable y algunos datos de contacto. Puede ser enviada por correo postal o entregada personalmente, pero en todos los casos conviene tener alguna constancia de entrega. Si se envía por correo es mejor hacerlo al menos certificada, y si se entrega en persona conviene llevar una copia para que sea sellada a modo de acuse de recibo.

¿Y luego? 

La carta exige una respuesta favorable en el término de cinco días. Lamentablemente no conocemos ningún caso en los que se hayan respetado este plazo, pero si en el transcurso de los 15 días se han recibido respuestas informando de que se estaba tramitando la modificación de los registros. Si no llega ninguna respuesta hay dos caminos posibles. Intentar un contacto informal con la diócesis para verificar el estado del trámite y en todo caso apurarlo, o bien hacer una denuncia en la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales. No son opciones excluyentes y bien se puede consultar primero y a falta de respuestas proseguir con la denuncia, pero para la segunda va a ser necesaria la constancia del envío y posiblemente se vuelva todo un poco más engorroso.

Posibles respuestas: 

Si se recibe alguna respuesta, posiblemente sea alguna de las que siguen

* Invitación a presentarse a la diócesis para demostrar su identidad o hacer la renuncia en forma personal. Si es posible asistir es recomendable porque seguramente agilizará el trámite

* Invitación a hablar personalmente con un obispo/vicario/sacerdote para reconciliar posiciones. No es necesario ya que no tenemos que dar explicaciones de nuestra decisión y ellos deberán actualizar sus registros.

* Aviso de que la carta debe ser enviada a la diócesis del domicilio actual del interesado y no a la diócesis correspondiente a la parroquia de bautismo. No todas las diócesis se manejan de esta manera, pero hemos visto casos en los que así sucede. En principio parece una trabaja burocrática más, pero también puede facilitar el trámite si es que va a ser necesario ir personalmente luego. Nada se pierde intentando.

* Aviso de que se cursa el pedido a la parroquia respectiva. Todo marcha bien y el pedido está en curso

* Fotocopia de la partida de bautismo con la notación de renuncia al margen. Feliticaciones! Estás fuera de la Iglesia Católica Preguntas frecuentes

Sobre la idea de la apostasía 

Si yo no creo en la Iglesia Católica, ¿Por qué debería someterme a sus estatutos para apostatar?
Si bien el trámite de alejarse de la Iglesia Católica tiene nombre propio (apostasía), conceptualmente no tiene ninguna diferencia con dejar cualquier otra institución. Si uno se afilia a un partido político, y luego por la razón que sea decide retirarse, seguirá un procedimiento interno para darse la baja, independientemente de que ya no adhiera a él. Sin la baja formal, poco importará lo que uno piense internamente, ya que en los papeles uno forma parte y la institución lo cuenta a la hora de mostrar sus integrantes para negociar poder. Quienes no confiamos en la Iglesia Católica o no apoyamos sus acciones, vemos a la Iglesia como una institución más, y nos damos de baja por las mismas razones que nos damos de baja de todos aquellos lugares a los que ya no queremos pertenecer.

¿Apostatar es una forma de hacerse ateo? 

De ninguna manera. Lo mismo que desafiliarse de un partido político no implica necesariamente descreer de la política, apostatar es renunciar a una fe religiosa o salir de una institución religiosa en particular sin que de ello se desprenda la no creencia en Dios. Se puede renunciar al catolicismo porque uno se convierte a cualquier otra religión lo mismo que se puede apostatar del islam para hacerse católico. Ciertamente muchos de los que apostatan son ateos o agnósticos, pero también muchos otros tienen ideas de Dios o de la moral distintas a la católica y por ello deciden apostatar de esa fe. Sabemos de seguidores de religiones afroamericanas o incluso de cristianos que han decidido salirse de la Iglesia Católica, y por supuesto esto no los convierte en ateos.

¿Qué sentido práctico tiene apostatar?

Vivimos en un país donde la representatividad otorga poder. Imagine que una institución dice representar al 10% de la comunidad (con los votantes que esto implica) no se va a sentar a negociar de la misma manera que lo haría un particular que no representa a nadie más que a si mismo. Si sospecha que ese 10% da poder en una negociación, ahora piense el poder que pueda dar un 50% de representatividad. A todo esto, la Iglesia Católica sostiene que casi el 90% de los argentinos somos católicos basados en el solo hecho de figurar en sus libros de bautismo, por lo que no es difícil imaginar la enorme ventaja que esto supone a la hora de negociar cualquier cosa con, por ejemplo, el gobierno nacional. Pero la realidad es bien distinta: Las encuestas recientes muestran que sobre los temas de mayor preocupación de la Iglesia, el nivel de representatividad es muy bajo: la sociedad en su mayoría no condena a la homosexualidad, no está contra el aborto, acepta la educación sexual en las escuelas, aprueba la utilización y de hecho utiliza métodos anticonceptivos, tiene relaciones sexuales por placer y sin necesidad de casarse por iglesia, etc. Queda claro que la Iglesia no representa a la mayoría de los argentinos en estos temas, pero aún así habla por todos.
Apostatar es una forma contundente de decirle a la Iglesia Católica: ¡No hablen por mí, no me representan! ¡Bórrenme de sus registros! ¡No me usen para presionar a nadie!

¿Qué se gana con mi apostasía solamente?

En este sentido, apostatar es como votar. Un voto no cambia el rumbo de un país y una apostasía tampoco pretende hacerlo, pero sumando varios aportes individuales podremos
hacer más fuerza. Y sino, al menos habremos sido coherentes entre nuestro pensamiento y nuestras acciones.

Sobre el trámite de la apostasía 

¿Puedo apostatar si no me bautizaron de recién nacido, sino que yo mismo decidí hacerlo?
Sí, claro. Sucede que la gran mayoría de los/las bautizados/as lo fueron en sus primeros meses de vida y por eso son en general el caso del que se habla. Pero no sólo tenemos derecho a deshacer lo que hicieron nuestros padres en nombre nuestro, sino que también tenemos derecho a evolucionar y cambiar de ideas.

¿Puedo apostatar habiendo recibido otros sacramentos (comunión, confirmación, casamiento por iglesia)? 

Sí. Uno puede renunciar a la fe católica en cualquier momento, y sin importar la cantidad de sacramentos que haya recibido.

Dado que la apostasía es “des-bautizarse”, ¿Hay trámites similares para deshacer la comunión o la confirmación? 

No, y no hacen falta. El bautismo es el ritual por el que se ingresa formalmente a la Iglesia Católica y a partir del cual sus datos figurarán en los libros de la Iglesia. Apostatar obliga a la Iglesia a actualizar o borrar sus datos de manera que conste que ya no pertenece a la misma. La comunión o la confirmación no son trámites de “ingreso” a la fe católica, por lo tanto no es necesario deshacerlos para salir de ella.

Vivo en el exterior. ¿Cómo puedo hacer el trámite?

Sin importar dónde viva, el trámite puede hacerse por correo postal. El principal problema es que es muy raro que la Iglesia responda, también por correo y en tiempo y forma, a una solicitud cercana, por lo tanto es mucho más raro que lo haga a alguien de otro país. De ser posible aconsejamos utilizar la dirección de un familiar para recibir la respuesta y evitarles una posible excusa más si esta no llegara. En todo caso, el trámite siempre es posible llevarlo adelante, sin importar las distancias, y si se complica es simplemente por la poca voluntad de la Iglesia en dar una respuesta. Los recursos de una comunicación telefónica a la diócesis o una denuncia a la D.N.P.D.P. siempre están abiertos.

Vivo lejos del lugar donde fui bautizado. ¿Cómo puedo hacer el trámite? 

La respuesta es muy similar a la anterior, aunque con algunas ventajas. En teoría, podría enviarse la solicitud de apostasía a la diócesis más cercana y esperar que ellos internamente gestionen el trámite. Si bien no contamos con experiencias de este tipo, creemos que en la práctica puede ser complicado de seguir pero no deja de ser una alternativa. Hacer la denuncia a la D.N.P.D.P. también puede ser más simple que en el caso anterior por el hecho de encontrarse en el país.

No recuerdo la parroquia donde fui bautizado y/o la fecha. ¿Cómo puedo hacer el trámite? 

Los registros de bautismo de la I.C.A.R., hasta donde sabemos, son descentralizados. Esto quiere decir que sí o sí es necesario saber dónde buscar para encontrar la partida de bautismo. Por esto es sumamente importante conocer donde se realizó la ceremonia y la fecha aproximada (al menos el año). Si este dato no se puede obtener de familiares o de los padrinas/os, quizás se pueda intentar buscar en las parroquias más cercanas al hogar donde vivió de niña/o, visitándolos con alguna excusa para buscar información.

¿Si me “des-bautizo”, que pasa con los otros sacramentos (mios o de otros) para los cuales necesitaba el bautismo? 

En cuanto a lo formal, no pasa nada. La Iglesia guarda sus registros por ahora en libros y de una manera no centralizada. La modificación en la partida de bautismo no se ve reflejada en las actas de confirmación, de matrimonio, o de bautismo de algún ahijado o ahijada. Por lo tanto en los papeles la apostasía no deshace formalmente ningún otro sacramento, ni perjudica a los ahijados en caso de haberlos. Las consecuencias “espirituales” en los sacramentos entran en el terreno de las creencias personales y no tenemos mucho para agregar desde nuestro grupo.

Sobre la convocatoria a la apostasía colectiva 

¿Participar de la convocatoria implica realizar el trámite de apostasía? 

No. La convocatoria es más un acto simbólico que un trámite formal y si bien la idea es entregar las actas de apostasía de todos los que adhieran, posiblemente no va a ser suficiente para completar el trámite. Por esto es conveniente hacer los trámites en paralelo de manera individual y personal.
Vivo lejos y/o no conozco dónde fui bautizado. ¿Puedo participar de la convocatoria?
Sí. Al no ser un trámite formal, no son necesarios todos los datos que se requerirían en ese caso.

Soy creyente pero no comparto la posición de la Iglesia frente a determinadas cuestiones. ¿Puedo participar de la convocatoria? 

Sí, claro. El trámite no es exclusivo para ateos, y de hecho hay muchos creyentes y aún cristianos que deciden apostatar, simplemente porque no comparten la actitud de la Iglesia Católica frente a determinados temas o porque perdieron fe en sus dogmas particulares.

¿Qué tratamiento tienen los datos que se ingresan en el formulario de adhesión? ¿Cómo puedo saber que se respetarán mis datos?
 
Siendo que estamos apelando a la Ley de Habeas Data para reclamar nuestro derecho a la apostasía, es razonable que los interesados en generar su propia carta de apostasía a partir del formulario correspondiente tengan algunos reparos en ingresar allí datos sensibles. En principio aclaramos que tratamiento se dará a los datos ingresados.

Hay dos opciones distintas. Si se mantiene la casilla de adhesión tildada, los datos ingresados se guardarán en una tabla de manera de ser utilizados para la presentación de la apostasía colectiva durante el mes de marzo en la Arquidiócesis de Buenos Aires. No se dará ningún otro uso a ningún dato y por supuesto los datos no serán divulgados, ni vendidos ni entregados a nadie. Tampoco se utilizarán para lograr un contacto individual de ningún tipo (ni por correo, ni por teléfono). Todas las comunicaciones serán dadas a través del sitio web.

Por otro lado, si al enviar el formulario se destildó la casilla de adhesión, ningún dato es almacenado y no queda registro alguno de la información ingresada.

Posiblemente todo esto genere dudas y algunos reparos a la hora de dejar información sensible. Para evacuar cualquier duda, te convocamos a participar con nosotros, para que veas que no hay secretos y que nos manejamos con total transparencia.

Razones personales para apostatar. 

Existen varias razones para querer “darse de baja” de la Iglesia Católica (u otras confesiones similares), entre las que son a destacar las siguientes: una experiencia negativa dentro de ella; el desacuerdo con las directrices seguidas por la institución romana; la no aceptación del dogma (o autoridad) apostólico de la misma aunque se siga considerando cristiano; la búsqueda de un dios personal alternativo o en el marco de otra religión; y, por último, el escepticismo ante cualquier credo religioso. En los dos primeros casos el renunciante suele ser un católico de fe que rechaza pertenecer a dicha institución a causa de las formas de ésta, algún punto doctrinal (p. ej. la homofobia) o de un pasado traumático con miembros del clero. En el tercero el protagonista es un cristiano que no comulga con la línea romana ni en doctrina ni en rituales y “busca a Jesús” en otra iglesia (p. ej. Testigos de Jehová). El cuarto tipo de apóstata es un creyente no cristiano que se convierte a otra religión (p. ej. Islam o budismo) o tiene su creencia particular (deísmo). El quinto, a diferencia de los anteriores, relativiza (agnóstico) o niega (ateo) la existencia de un dios.

Como realizar el tramite de la apostasía en Colombia 

Para realizar el proceso de solicitud de apostasia se realizan los siguientes pasos:

1. Averiguar donde fue uno bautizado
2. Solicitar copia de la partida de bautismo
3. Generar una carta solicitando este proceso, ej1 : http://joorge.com/wiki/CartaApostasíaColombia ej 2: http://apostasiacolectiva.org/index.php?option=com_content&view=category&layout=blog&id=65&Itemid=135
4. Llevar la carta con copia a la Arquidiocesis
5. Esperar maximo X días por la respuesta
6. Si no se recibe respuesta afirmativa:
o A) Volver a pasar la solicitud
o B) Demandar, ya que la carta enviada funciona como un derecho de petición

CARTA MODELO 

ASUNTO: DERECHO DE PETICIÓN (Lugar y fecha) Al (Obispo o Arzobispo correspondiente): (Dirección postal) yo,______________________________________________________________________, Con cedula de ciudadanía nº __________________________________, y bautizada/o en la parroquia de ______________________________________ en la fecha ____________________________________________ MANIFIESTO: 1. Haber sido bautizado/a a la fe católica como una decisión tomada por mi familia, bajo la presión ideológica ejercida por la Iglesia Católica y por el Estado, pero suponiendo cuales debían ser mis convicciones morales y religiosas, y negando por tanto, la plena libertad para emitir un juicio personal -libre y consciente- sobre las convicciones nombradas, violando mis derechos a la libre asociación y al libre desarrollo de la personalidad (art16 CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE COLOMBIA). 2. Haber meditado suficientes años, haciendo uso de mi inalienable derecho a la libertad de conciencia y a mi capacidad de razonamiento crítico, sobre el significado de mi adscripción a la fe católica, y por consiguiente a la Iglesia Católica. 3. A través de la presente declaración, y haciendo ejercicio del derecho de mi capacidad de juicio liberal y democrático, deseo expresar en absoluta libertad, mi contradicción con la adscripción a una entidad caracterizada por su dogmatismo. 4. Mi profundo convencimiento que la fidelidad a la propia conciencia es un derecho constitucional reconocido por la legislación en el art. 18 de la constitución y a la cual ninguna entidad privada o pública puede oponerse 5. Mi insumisión a los dogmas, las normas y la jerarquía de la Iglesia Católica y mi desacuerdo total con sus postulados y doctrinas, por lo que SOLICITO: Mi exclusión a todos los efectos -incluso los estadísticos-, del registro de personas bautizadas a la fe católica y el reconocimiento del acto de apostasía que por esta declaración expreso, haciendo uso de los legítimos derechos a disponer libremente de las mis convicciones morales, éticas y religiosas y al libre desarrollo de la personalidad, tal y como los consagra la Constitución política de Colombia Atentamente, _______________________________________________________ Firma y dirección del domicilio para el envío de la respuesta Debes llevar original y copia, el domicilio es indispensable para que tenga validez el derecho de petición y poder emprender acciones legales posteriores si no nos responden.

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